¡No mas tareas!

Sentada en mi cama, a las casi 10 de la noche, con el corazón arrugado y los ojos llenos de lágrimas de frustración, me siento a escribir lo que para muchos pueda parecer una exageración, pero para mi es un grito de ayuda. Hoy me siento como una “mala mamá”, no porque les haga daño a mis hijas, ni porque no busque siempre lo mejor para ellas, sino porque el estrés y el desgaste que tenemos que enfrentar diariamente con las tareas, me está convirtiendo en la responsable número uno de su desgaste emocional.

Para explicarme mejor, creo que la exageración de tareas que mandan los colegios y el sistema escolar como tal, no solo ponen mal a los niños sino que acaban con la paz y la convivencia familiar. Hoy en día los niños asisten al colegio un promedio de 41 horas a la semana y, fuera de esto, tienen entre una y dos horas de tareas para completar en la casa todos los días, incluyendo los fines de semana. Quiere decir que no tienen tiempo para jugar, para relajarse o para sencillamente ser niños. A esto le sumamos que nosotros, sus padres, estamos siempre acosándolos, corriendo con ellos de un lado a otro y perdiéndonos el tiempo que podríamos disfrutar en familia. En pocas palabras, vivimos en una sociedad que está acabando con nuestros hijos, y con nosotros, y por respetar el sistema estamos permitiendo que les roben el derecho a ser niños.

Viendo el documental de Michael Moore sobre la educación en Finlandia me llegó al corazón algo que dijo la directora de una escuela: “El cerebro tiene que descansar, pues si solo trabaja, trabaja y trabaja, sencillamente PARA de aprender”. Y esto es exactamente lo que le esta pasando a nuestros hijos. Están convirtiéndose máquinas de aprender y preparandose solo para un examen, no para la vida y sus situaciones.

En este mismo documental Moore entrevista a varios profesores y todos llegan a la misma conclusión: a los niños los están preparando solo para pasar y sacar buenas notas en una prueba, al final del día no aprenden nada. Atrás quedaron las clases más importantes que enseñaban temas como la convivencia, los valores, la música, el arte, la cocina, la manera de manejar problemas y la famosa educación física, porque no me digan que los niños logran hacer deporte con el uniforme del colegio.
img_9600

Cada día les robamos más el derecho a ser niños, porque al privarlos del juego, de correr, de convivir con otros niños y al cohibirlos, ellos dejan de usar su imaginación y los sentamos a hacer deberes absolutamente innecesarios. Cada vez peleamos más, cada vez exigimos más, cada vez la paz y la convivencia familiar se pierde más.

Para mi es excesivamente importante la hora de la comida. Es el espacio en donde nos sentamos, compartimos y comemos como familia. En ese rato, no existen los teléfonos, las tareas, los exámenes, solo estamos nosotros cinco, compartiendo y hablando del día. Pero últimamente esa hora sagrada se ha convertido en una mesa llena de papeles con tareas, comida por todas partes, niñas frustradas con ganas de salir a jugar y papás cuestionándonos si esto en realidad es sano para ellas y para nosotros.
Siempre critique a las mamás que hacen homeschooling, pues en mí ignorancia creía que privaban a sus hijos de relacionarse con otros niños. Pero ¡NO! ¡Que equivocada estaba! Prefieren sacrificarse ellas para que sus hijos aprendan lo más importante, que es aprender con experiencias y disfrutar conocimientos que pueden servirles para toda la vida. Ellas se enfocan en que sus hijos puedan vivir tranquilos, sin estrés y exigencias ridículas de nuestro sistema educativo. Tienen grupos de apoyo y hacen paseos, convivencias y lecciones como un grupo de clase normal.

img_9792

Sintiéndome absolutamente culpable de robarle a mis niñas sus horas libres, y limitar su imaginación y derecho a jugar, me seco las lágrimas y aterrizo en mi realidad: yo no puedo ser “profesora” de mis hijas. Y me pregunto que podemos hacer nosotros como padres y responsables de su bienestar. Por mi parte, empiezo escribiendo este post como un grito de ayuda pública, rechazando un sistema que estresa cada día más las familias, deprime los niños, los enferma y deja un legado errado para las generaciones futuras. Les pido, como mamá, que todos los que no estemos de acuerdo nos unamos, pues solo así lográremos un cambio en el sistema educativo. Luchemos para que las ocho horas que pasan en el colegio sean suficientes y que las tardes sean para jugar, hacer deporte y compartir en familia.

Jugando desarrollan su imaginación, convivencia y aprender a ser mejores personas. Haciendo deporte se activan, cuidan su salud y se llenan de satisfacción al lograr sus metas. Finalmente, compartiendo en familia es como realmente aprendemos valores y estamos con las personas que más aman.

¿Qué opinan? ¿Se unen?

¡Yo quiero que mis hijas sean felices!