Las amigas que me regalaron mis hijas

Al convertirme en mamá estaba llena de expectativas y me imaginaba muchas cosas. Me imaginaba momentos lindos con mi bebé, primeras veces, ternura y uno que otro obstáculo que sabía que la maternidad traería consigo. Soñaba con ver a esa personita crecer y llenar mis días de alegrías, amor y locuras. Pero lo que nunca me imagine es que mis hijas además de hacerme mamá me regalarían nuevas y grandes amigas.

Y ustedes pensarán, pues sí, es muy fácil hacer amigos, pero estas amigas son diferentes, pues se han convertido en mis compañeras de vida sin darme cuenta.
Las he conocido en clases de yoga prenatal, estimulación, guarderías, colegios y hasta en los famosos “Play dates.” Y hoy en día, algunas son gran parte de lo que me gusta llamar, mi equipo de soporte de vida.

Esas amigas son quiénes sin tapujos me ayudan en mis inseguridades y miedos en este viaje de la maternidad, dilemas del matrimonio o sencillamente crisis existenciales. Son quienes entienden mis frustraciones con las tareas, las pataletas, las crisis de alimentación o los trofeos en las actividades extracurriculares. Juntas hemos compartido desde las incomodidades y delicias de las barrigas de embarazadas, hasta las piñatas y celebraciones del colegio de nuestros hijos.

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Esas mamás de las amigas de mis hijas, son quienes se han convertido en mis grandes amigas. Muchas me han ayudado en momentos de enfermedad, me han recogido las niñas en el colegio cuando no he alcanzado a llegar a tiempo, me han cuidado la bebé mil veces para yo tener un minuto para entrar al baño y se han convertido en las mejores compañeras de los happy hours.

Muchas de esas amigas son como mi familia prestada. Con ellas planeo desde las actividades extracurriculares hasta los regalos de Navidad para los niños. Son con quienes muchas veces comienzo mi día dejando los niños en el colegio y lo cierro a carcajadas en las ocurrencias y desahogos de los chats de WhatsApp.
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Nos criticamos, nos echamos flores, y finalmente nos sentimos identificadas, pues nuestro común denominador es el amor inmenso que nos generan los hijos. Y ese amor es el motor que mueve nuestro mundo. De ellas he aprendido millones de cosas y me he sentido tranquila al estar en un grupo de edades y nacionalidades totalmente diferentes. Varias de esas amigas queridas son hasta 15 años mayores que yo, sin embargo, son mis compañeras y confidentes. Sus hijos son como mis sobrinos y mis hijas son gran parte de su corazón.

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Con esas amigas he visto nacer bebés, he celebrado matrimonios, bautizos y cumpleaños; hemos superado enfermedades, divorcios y hasta, lamentablemente, enterrado maridos. Son mis compañeras de vida, la cual nos ha demostrado que los hijos nos unieron para formar amistades reales.

Quiero dedicarle este post, en el marco de la celebración del amor y la Amistad en Colombia, a todas esas mujeres que hoy llamo amigas, una amiga de verdad no es fácil de conseguir, pero gracias a mis hijas, las encontré a ustedes. Y muchas veces mis días duros son más fáciles cuando compartimos un mojito o una copa de vino sin decir muchas palabras.

Quiero decirles que amo que estén en mi vida y que gran parte de mi sanidad mental se las debo a ustedes. Amigas de años, amigas de siempre y amigas por y para los hijos. Gracias por ser mis bad moms y dejarme disfrutar de una vida imperfectamente deliciosas con el caos de la maternidad.

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Como dice una frase hermosa que me encontré por ahí, les quedo debiendo el autor, “son los amigos que conocemos en el camino quienes nos hacen apreciar realmente el viaje”. Ustedes, amigas que me regalaron mis hijas, son esas personas que llenan de luz mi camino.

Feliz día del amor por los hijos y las verdaderas amistades que trajeron consigo. ¡Las quiero!

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